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Category: Estudios Bíblicos

Lectura bíblica: Daniel 7:9-22.

Propósitos de la charla: a) Conocer la importancia que da la Biblia a los ancianos que gobiernan el pueblo de Dios; b) Determinar si poseo las condiciones para ejercer ese llamado; c) Colaborar con los ancianos gobernantes de mi iglesia.

En la lectura inicial vemos el Modelo de anciano para la Iglesia, Dios mismo, que es pureza, autoridad, liderazgo y juicio. No es poca cosa el llamado a ser ancianos y ancianas de la Iglesia, es un rol de gran responsabilidad, para el cual necesitamos prepararnos. Es deber de los ministros de Dios capacitar a los ancianos para su labor administrativa y de servicio. Pero también el anciano debe procurarse ese desarrollo a través de una intensa vida devocional.

 

La elección es, para mucha gente, doctrina aborrecible. Dicen que hace autómatas a los hombres, que echa por tierra con el libre albedrío, que los vuelve indiferentes y muchas otras cosas más.  Desde el punto de vista humano, la doctrina es, ciertamente aborrecible. Es por esta razón que una vergonzosa mayoría del pueblo evangélico inclusive, ha rechazado esta doctrina o, cuando más, la ponen en último lugar entre las doctrinas que proclaman. 
 
La pregunta que debe hacerse, sin embargo, continue reading…

Iglesia Bautista Reformada Sola Gracia de PanamaEl Anciano en la Iglesia

El anciano es un líder en la Iglesia Cristiana. Éste es un cargo divinamente señalado el cual es llevado a cabo por hombres que sean capaces de enseñar sana doctrina, refutar el error, ser de buena reputación, tener hijos creyentes en sujeción, que administre bien su casa, etc. El anciano no debería estar en el cargo si no puede cumplir los requisitos del cargo y no debería ser escogido porque es una figura popular en la iglesia local.

Ser un anciano es un llamado que viene de lo alto y hay miles de hombres piadosos en muchas iglesias los cuales buscan a Dios y le sirven lo mejor que ellos pueden. Pero también es cierto que muchos no deberían ser ancianos y que se encuentran en este cargo. Los hombres que vivan con hijos no creyentes tampoco deberían ser ancianos. Los ancianos deberán ser capaces de enseñar sana doctrina y refutar el error. Tristemente, muchos ancianos no pueden hacer esto. Finalmente, las mujeres no deberían ser ancianos. continue reading…

Hace un poco más de veinte años, mi esposa y yo solíamos visitar a una querida anciana cristiana que estaba muy débil para vivir sola, por lo que tuvo que cambiarse a un hogar para ancianos. Ella vivía tan frugalmente y tenía tan poco en su alacena que uno pensaría que no tenía un centavo. Pero cuando sus amigos de confianza llegaron a recoger las cosas de su departamento rentado y empacaron sus pocas posesiones, encontraron en cajones y aparadores, aquí y allá, sobres llenos de billetes destinados a varios misioneros. Era claro que casi todo lo que ella poseía, después de pagar la renta y sus gastos básicos, lo ofrendaba al Señor, pues todo su corazón era para Él y Su obra.

Este no fue un incidente aislado, pues años atrás uno a menudo se encontraba con indicativos de la devota mayordomía de los creyentes de edad avanzada, independientemente de cuán pobres eran financieramente hablando. Los pastores más veteranos en todas partes servirán de eco de esta experiencia. ¿Acaso ha pasado esa era de abnegado amor?

Hoy en día tenemos tanto. Nuestros ejecutivos más jóvenes manejan carros de un lujo y calidad que sus colegas de hace treinta años ni siquiera podían soñar. Nuestros recién casados generalmente empiezan con todos los artículos para el hogar, y más, cosas que sus padres tuvieron que adquirir gradualmente, en una larga marcha hasta la madurez. El hogar más humilde tiene equipo de sonido y video, además de dinero para vacaciones sustanciales, y así sucesivamente. Sin embargo, por lo que nos enteramos, iglesias y pastores en todo el país tienen con frecuencia estrecheces financieras, y pocos proyectos de significado pueden ponerse en marcha. Es ciertamente alarmante ver cuán pocos misioneros reciben apoyo estos días. Asociaciones de iglesias financian un puñado de ellos, cuando uno esperaría que muchas de las congregaciones locales fueran capaces de apoyar al menos un par de proyectos.

¿Están los cristianos en general menos comprometidos de lo que estaban antes? ¿Acaso la nueva generación de convertidos no entiende el punto de la mayordomía de sus medios? ¿Nos hemos convertido en una generación echada a perder, tan acostumbrada a un elevado estándar de vida que no queremos deshacernos de mucho para darlo al Señor? Si es así, entonces nos hacemos daño a nosotros mismos y perdemos una tremenda instrumentalidad espiritual. Que el Señor bendiga para nuestros corazones este análisis de algunos versículos grandiosos del Nuevo Testamento, que enseñan los deberes y las bendiciones del “diezmo” por parte del pueblo de Dios.

El título de este artículo toca de inmediato una nota controversial, porque diezmar (el acto de ofrendar un diez por ciento del ingreso), es una obligación de los judíos, y en ninguna parte del Nuevo Testamento se menciona como un deber del cristiano. Sin embargo, usamos el término en un sentido general más que literal. Para nosotros la palabra “diezmo” indica que el ofrendar debería estar relacionado con los medios que poseemos, “según haya prosperado” (1 Corintios 16: 2) y no necesariamente tiene que ser un diez por ciento exacto. No obstante, más adelante veremos que el diezmo del Antiguo Testamento tiene una base bíblica como el mínimo para el pueblo de Dios en todas las épocas.

Este escrito examinará muchos textos del Nuevo Testamento, cada uno de los cuales presenta algún aspecto del diezmo, incluyendo la actitud del creyente, los propósitos de Dios, la proporción del diezmo, y algunas reglas prácticas para la mayordomía.

1. Todo lo que tenemos pertenece al Señor.

El primer principio de la mayordomía característicamente cristiana, fue enseñado por el Salvador, según está registrado en Lucas 21: 1-4. Viendo a los ricos que echaban sus ofrendas en el arca de las ofrendas, y con ellos a una pobre viuda que echaba sus dos blancas, Él hizo la observación que ella había dado más que todos los demás, pues mientras ellos dieron una pequeña porción de su gran riqueza, ‘ella de su pobreza’ echó todo el sustento que tenía.

La gran lección aquí, y la norma para las ofrendas del cristiano, es que todo lo que poseemos le pertenece al Señor. Si alguien desea debatir el valor preciso de un diezmo en la dispensación cristiana, si es un décimo, o más, o menos, la respuesta del Señor es que es estrictamente todo lo que tenemos.

Todo lo que somos y todo lo que tenemos es del Señor, y, aunque tenemos que proveer para nuestra vivienda, ropa, comida y otras responsabilidades, vivimos de Su dinero, pues todo nuestro ingreso es Suyo, y debe estar disponible para Él conforme se requiera. No decimos: ‘¿qué proporción debería ofrendar?’ Sino más bien ‘puesto que todo es Suyo; ¿qué proporción necesito retener?’

Únicamente esta actitud nos hará realistas acerca de cómo gastamos nuestro dinero: si en cosas innecesarias o en cosas de mucho lujo o demasiado caras para nuestras necesidades. Debemos acabar con la mentalidad que considera algunas cosas como nuestras y otras como Suyas. Deberíamos pensar que todas las cosas son Suyas, y de ellas tomamos para nuestro gasto, a fin de cubrir nuestras razonables necesidades terrenales.

El corazón del Señor fue conmovido por aquella mujer que comprometió todo lo que tenía. El apóstol Pablo alaba esta actitud en sus palabras a los corintios: “no sois vuestros, porque habéis sido comprados por precio.” (1 Corintios 6: 19-20) El rey David entendió esto muy bien cuando oró: “Pues todo es tuyo, y de lo recibido de tu mano de damos.” (1 Crónicas 29: 14).

Amamos al Señor por sobre todas las cosas y nos hemos entregado completamente a Él. Por consiguiente debemos emplear todos nuestros recursos y energías para Él, como hijos e hijas privilegiados de un Salvador amado, soberano y glorioso.

2. El Propósito Principal del Diezmo

¿Cuál es, precisamente, el propósito del diezmo o de la mayordomía? Una buena parte de la respuesta se encuentra en 1 Corintios 9. Al final de trece versículos de poderoso razonamiento escritural, Pablo dice: “Así también ordenó el Señor a los que anuncian el evangelio, que vivan del evangelio.” (1 Corintios 9: 14). La ofrenda del pueblo de Dios es principalmente para el engrandecimiento y la proclamación de la Palabra de Dios.

El Evangelio debe ser proclamado por todas partes; la viña del Señor debe ser plantada, y la ovejas del Señor apacentadas (versículo 7). Los mensajeros del Señor (‘el que ara y el que trilla’) deben tener la capacidad de entregarse a su obra (versículo 10). Entonces este es el propósito más elevado de la mayordomía cristiana: la proclamación de la verdad salvadora de Dios, y la instrucción de la iglesia.

De acuerdo con el texto, la idea de que los predicadores y otros obreros cristianos deben ser sostenidos, no es algo que fue inventado por la iglesia, sino que fue ordenado por Dios (lo que significa: prescrito, arreglado y ordenado por Él). Son el plan y la voluntad de Dios.

Es cierto que el pasaje más largo del Nuevo Testamento relativo a la mayordomía (en 2 Corintios 8 y 9), tiene que ver principalmente con el alivio de los creyentes afligidos, pero la enseñanza de 1 Corintios 9 respecto al sostén de los predicadores, es tan enfático e imperativo, que es claramente el primer deber y el principal.

Gálatas 6: 6 insiste también en el sostenimiento del ministerio de la Palabra. Pablo dice: “el que es enseñado en la Palabra, haga partícipe de toda cosa buena al que lo instruye.” La palabra griega traducida como partícipe, significa compartir. Esto demuestra que somos llamados a compartir con aquél que ha sido apartado para enseñar. Pablo nos ordena la reciprocidad como oyentes y maestros, dando y recibiendo mutuamente.

Si la mayordomía en una iglesia es pobre, entonces la diseminación de la Palabra de Dios sufrirá. El pastor será empobrecido, los misioneros recibirán escasa ayuda; la buena literatura no podrá ser adquirida ni reproducida; los medios necesarios para el evangelismo y para la escuela dominical, tales como alojamiento y vehículos, no estarán disponibles. Sin embargo, el Señor ha ordenado que los mensajeros sean apartados y que la obra del evangelismo sea sostenida con liberalidad.

¿Acaso somos indiferentes a la mayordomía de nuestro dinero? Quizás no nos hemos percatado plenamente que Dios ha ordenado que nuestra contribución desempeñará un papel importante en llevar a cabo Sus gloriosos propósitos. Quizá no hemos sentido todo el peso del privilegio y de la responsabilidad que esto conlleva. Tal vez no hemos considerado nunca, seria y profundamente, cuánto deberíamos dar y cómo deberíamos comprometernos a ser fieles a nuestras obligaciones.

3. La Manera de Diezmar

En 1 Corintios 16: 1-2, Pablo habla de la frecuencia y del espíritu de la mayordomía, diciendo: “En cuanto a la ofrenda para los santos, haced vosotros también de la manera que ordené en las iglesias de Galacia. Cada primer día de la semana, cada uno de vosotros ponga aparte algo, según haya prosperado.”

En este particular pasaje, el propósito de la ofrenda es benevolencia para los creyentes afligidos; pero la actitud respecto a la ‘ofrenda’ y su frecuencia, es muy instructiva para todo tipo de ofrendas.

La frase “según haya prosperado” (la versión antigua traduce: ‘lo que por la bondad de Dios pudiere’), tiene un significado especial. La frase haya prosperado significa literalmente: “Según que haya sido ayudado por Dios en el camino.” Esto implica que las circunstancias de uno pueden variar de una semana a otra, algo que en aquel tiempo era ciertamente verdad, y lo es también en la actualidad. Los hogares cristianos calculaban sus necesidades y daban una porción de su dinero al Señor. Entonces, si su ingreso se incrementaba, ellos lo veían como que el Señor los prosperaba a fin de que destinaran más para la ofrenda. Si “Dios les ayudó en su camino” no era únicamente para su propio beneficio, sino también para su mayordomía, y en ese espíritu daban. Si los corintios no hubieran contribuido según el Señor los prosperaba, habrían sido culpables de usar mal (malversar) lo que Él les dio con un propósito.

La frecuencia de la ofrenda semanal, que involucraba un cálculo inteligente de los fondos disponibles, demuestra la necesidad de revisar continuamente nuestra mayordomía. No es suficiente arreglar una transferencia bancaria, una vez cada seis meses o más, para luego olvidarse del asunto.

Tenemos una obligación en obediencia al mandato divino, a ser continuamente sensibles a las necesidades de la obra de Dios, y también conscientes de la provisión divina para nosotros, para que podamos ayudar a suplir estas necesidades. Este texto nos llama a ser sensibles constantemente, vigilantes y responsables de nuestras ofrendas.

No es sorprendente que el apóstol enseñe que la ofrenda debería ser depositada en el día de la adoración, puesto que la mayordomía es un acto de adoración, gratitud y dedicación. Adoramos con nuestra mentes, nuestros corazones y también con nuestros bienes, reconociendo que nada de lo que poseemos es nuestro, y que somos siervos del Señor.

4. Una Señal Vital del Carácter Cristiano

Otro pasaje importante sobre la mayordomía cristiana es 2 Corintios 8 y 9, que presenta una lista de retos y estímulos. Aquí Pablo dice a los corintios que ellos deberían saber acerca de “la gracia de Dios que se ha dado a las iglesias de Macedonia” (2 Corintios 8: 1); la graciamencionada es el espíritu de generosidad y ayuda.

“Como en todo abundáis,” dice Pablo, “en fe, en palabra, en ciencia, en toda solicitud. . . abundad también en esta gracia (2 Corintios 8: 7). Evidentemente, los miembros de la iglesia de Corinto tenían fe, un vibrante testimonio, un buen conocimiento de doctrina, y una gran solicitud en muchas cosas, pero no habían comprendido plenamente el deber de la mayordomía generosa.

Ellos revelaron una significativa área de estancamiento, en su falla en terminar la mayordomía que habían empezado. Ellos tenían la intención de dar (versículos 10-11), ciertamente habían empezado a dar, pero no terminaron la obra. El reto para nosotros es claro. ¿Cuál es el nivel de mayordomía que hemos alcanzado, el de Macedonia o el de Corinto?

Pero, ¿por qué la ofrenda, en este pasaje, es llamada una ‘gracia’? Primero, porque es una manifestación de la gracia de Dios en el corazón; una evidencia de Su obra transformadora y santificadora. El apóstol Pablo dijo a los corintios que su generosa mayordomía sería una prueba de la sinceridad de su amor (versículo 8). También les exhortaba con estas palabras: “Mostrad, pues, para con ellos ante las iglesias la prueba de vuestro amor” (versículo 24).

Segundo, la mayordomía es una “gracia” por el espíritu con que se lleva a cabo. Damos motivados por la gracia. El dador da voluntariamente y no espera recibir ningún beneficio personal. Es motivado a dar porque Dios le ha mostrado Su favor libre y gratuitamente.

Si la iglesia fijara el diezmo como algo obligatorio para sus miembros, entonces sus ofrendas ya no serían una “gracia.” Si la gente ofrendara porque algún maestro del ‘evangelio de la prosperidad’ los hubiera convencido de que Dios los recompensaría, entonces su ofrenda ya no sería una “gracia.” Para agradar a Dios, la dádiva debe provenir de un corazón sincero, como un acto voluntario, sin ninguna expectativa de recibir alguna recompensa personal.

¿Cuál es nuestra condición ante el Señor? ¿Cuán grande es nuestro amor? ¿Cuán profunda es nuestra convicción? ¿Cuán sincero es nuestro agradecimiento y nuestro deseo para el avance de la obra del Señor y la gloria de Su nombre? Pablo, hablando bajo inspiración del Espíritu Santo, dice que todas estas cosas son probadas por el vigor de nuestra mayordomía.

¿Por qué debe ser la mayordomía la prueba de ácido de nuestro amor y sinceridad? ¿Es una prueba justa y precisa? Si alguien permite que su mayordomía decaiga, ¿significa que su espiritualidad está decayendo? ¿Realmente indica falta de amor, de compromiso y de profundidad?

La respuesta en 2 Corintios 8 es que, en efecto, demuestra esto, porque la mayordomía revela la semejanza de familia de los hijos de Dios. Pablo argumenta que, en nuestra mayordomía, el corazón de Cristo se manifiesta en nosotros: “porque ya conocéis la gracia de nuestro Señor Jesucristo, que por amor de vosotros se hizo pobre, siendo rico, para que vosotros con su pobreza fueseis enriquecidos” (versículo 9).

En otras palabras, la mayordomía es una de las pruebas más reveladoras de nuestra semejanza a Cristo, porque refleja muy claramente Su carácter. Él se dio a Sí mismo completa y enteramente para beneficio de otros. Él se despojó de la gloria del cielo por la más profunda humillación, aun hasta la muerte de cruz, motivado por Su compasión por los pecadores.

En un sentido Él “ha dado” su estado eterno por Su pueblo, tomando sobre Sí mismo un cuerpo, ahora glorificado, que llevará para siempre en Su oficio de Rey, guardián y protector.

El Señor Jesucristo, nuestro “hermano mayor,” precursor y ejemplo, es inmensurablemente desinteresado, amoroso, tierno, benevolente y generoso. En Su maravillosa gracia y condescendencia, se dio a Sí mismo, y se dio a Sí mismo enteramente. Entonces, la evidencia más grande de nuestra semejanza a Él, será manifiesta en nuestra buena voluntad de darnos a nosotros mismos y nuestros bienes, para Su causa. Si somos mayordomos infieles, entonces nuestra semejanza de “familia” no será muy visible en nosotros.

5. Darnos Nosotros Mismos al Señor

2 Corintios 8 pone delante de nosotros el ejemplo de un pueblo cuyos corazones fueron tan entregados a la causa a la que contribuyeron, que no dieron sólo su dinero, sino también se dieron ellos mismos (ver versículo 5).

Al ofrendar el dinero que tanto necesitaban, se sujetaron a sí mismos a grandes padecimientos, y es en este sentido que la Biblia dice que: “se dieron a sí mismos al Señor” (versículo 5). Aquí tenemos más luz sobre la actitud de la viuda que dio todo su gasto al Señor. Tal vez ellos dijeron: “abstenernos de comer por un día o una semana, para poder mandar ayuda a los creyentes en Jerusalén, es nuestro servicio para ellos. Ayunaremos con gozo, para que ellos puedan sobrevivir.” (Evidentemente, muchos creyentes en Jerusalén se encontraban en peligro de morir de hambre a causa de una fuerte sequía). No dieron solamente dinero, sino cualquier comodidad y gusto que ese dinero les hubiera comprado, si no lo hubiesen dado. Hicieron un sacrificio personal mediante esta privación.

Toda mayordomía verdadera y digna es como ésta, porque planta una diferencia en nuestras vidas. No decimos: “voy a ofrendar únicamente una suma que me deje libre para gastar el resto como yo quiera, y para disfrutar cualquier placer o posesión que quiera.” Por el contrario, nosotros debemos decir: “voy a darme a mí mismo al Señor y a Su obra, reduciendo los gastos extravagantes, los lujos, las cosas superfluas y todos los deleites innecesarios, con el fin de que el dinero que hubiese gastado en todas esas cosas, sea dedicado a la causa de mi Salvador.”

¿Tomamos tan seriamente nuestro ministerio de mayordomía, planeando nuestros gastos de tal manera que podamos apoyar gozosamente la predicación de la Palabra y ayudar a los creyentes necesitados? Ciertamente debemos mantener un hogar y un estilo de vida suficientes para poder servir eficazmente al Señor. Pero, ¿tenemos como meta hacer lo máximo que podamos en lo relativo a nuestra mayordomía?

La mayor prueba de nuestra sinceridad, será nuestra disposición para asumir el privilegio de la mayordomía. Pablo dice a los macedonios: “Pues doy testimonio de que con agrado, han dado conforme a sus fuerzas, y aún más allá de sus fuerzas, pidiéndonos con muchos ruegos que les concediésemos el privilegio de participar en este servicio” (versículos 3 y 4). Pablo les dice después: “Ahora pues, llevad también a cabo el hacerlo. . . porque si primero hay la voluntad dispuesta, será acepta según lo que uno tiene” (versículos 11-12).

Si encontramos que estamos renuentes a dar con generosidad, deberíamos estar muy alarmados. Debemos escudriñar nuestras vidas para descubrir las cosas que nos han inducido a dejar nuestro primer amor y a enfriarnos en el amor hacia Cristo. Una vez encontrado el mal, debemos desarraigarlo.

Es únicamente cuando estemos dispuestos a perder todo el beneficio personal de nuestro ingreso, y manifestar la gracia de dar, que estaremos dándonos realmente al Señor. Pablo anhelaba ver esta disposición en los creyentes, a fin de que dieran “No con tristeza, ni por necesidad, porque Dios ama al dador alegre” (2 Corintios 9: 7). La palabra griega traducida como “no con tristeza” significa como “renuentes” o como “afligidos.”

¿Somos renuentes a repartir nuestro dinero para el Señor? ¿Nos resulta difícil elegir la gloria de Cristo más que las comodidades del presente? Si es así, derramemos nuestro corazón en arrepentimiento, por nuestra frialdad. Avivemos nuestra gratitud por nuestra salvación, y por el amor redentor del Salvador, por la nueva naturaleza que hemos recibido, y por toda Su paciencia, misericordia y amor para con nosotros.

Pensemos en Su tierna providencia en nuestras vidas, y en la certidumbre de la gloria eterna, y seguramente nuestros corazones se derretirán y nos levantaremos con el deseo de asumir nuestra responsabilidad de apoyar la obra del Evangelio.

Que nunca seamos contados entre aquellos que dan solamente porque tienen que hacerlo. Más bien demos, porque nos hemos propuesto en nuestro corazón dar para la obra de Dios. ¡Cuánto nos alienta saber que la mayordomía alegre y voluntaria agrada al Dios Todopoderoso del cielo!

Sin duda, la frase: “Dios ama al dador alegre,” es demasiado profunda para que podamos entenderla plenamente. ¿Acaso puede Dios amarnos más de lo que ya lo ha hecho, al enviar a Cristo para que muriera por nuestros pecados? Estas notables palabras probablemente significan que Dios manifiesta Su amor al dador alegre, por la manera en que Su bendición recae sobre su ofrenda y Su abrazo especial es experimentado por el mayordomo voluntario.

6. La Generosidad Bíblica Está Relacionada con los Medios.

Pero suponiendo que nos encontramos en dificultades económicas: ¿es razonable esperar que demos generosamente? Nuestro pasaje en 2 Corintios 8 nos ayuda también en este punto, porque define la generosidad bíblica en relación con nuestros medios, diciendo: “Porque si primero hay la voluntad dispuesta, será acepta según lo que uno tiene, no según lo que no tiene.” (Versículo 12).

Si queremos dar para el Señor, y hacemos lo mejor que podamos en circunstancias difíciles, el Señor se agrada y honrará y bendecirá nuestra ofrenda. Esto lo vemos en la blanca que ofrendó la viuda. Desde la perspectiva divina, la “generosidad” es un asunto de las circunstancias de cada uno.

Como J. C. Ryle lo expresó: “Las ofrendas de los creyentes pobres tienen tanta dignidad como las ofrendas de un príncipe, porque Cristo toma en cuenta algo más que la simple cantidad de nuestra ofrenda. Él mira a la proporción de nuestra ofrenda en comparación con todos nuestros bienes, y también mira la abnegación que exige de nosotros.”

Vean el ejemplo de los macedonios, quienes se encontraban “en grande pobreza de tribulación.” Y sin embargo, “la abundancia de su gozo y su profunda pobreza abundaron en riquezas de su generosidad” (versículo 2). Motivados por su gratitud ante la bondad de Dios para con ellos, hicieron su mejor esfuerzo para contribuir, y el resultado fue registrado por el Espíritu Santo como “las riquezas de su generosidad.” Según la opinión de Dios, el gozo cristiano se combina con la pobreza para resultar en “generosidad.”

No debemos desanimarnos nunca por la idea de que la capacidad de nuestra mayordomía es pequeña y que no vale la pena. Vemos en el lenguaje del Salvador y de Pablo, que el corazón de Dios se agrada ante la “generosidad” de Su pueblo, sin importar cuán pequeña sea la cantidad. La ofrenda sincera es un acto de amor y de adoración y Dios obrará grandes bendiciones para esta clase de ofrendas. La ofrenda pequeña pero que cuesta, dada con gozo, lleva la fragancia de la gracia de Cristo viviendo en un corazón redimido.

Podemos pensar que en tanto que demos una porción de nuestro ingreso, (digamos un diez por ciento), seremos reconocidos como unos siervos obedientes en el día del juicio. Pero, vean otra vez a los creyentes de Macedonia, pues ellos se esforzaron en dar más allá de su capacidad (versículo 3). No hay ninguna evidencia de que ellos daban una porción “confortable” o “conveniente.” Al contrario, hay un deseo profundo de esforzarse al máximo, y esto es lo que el Espíritu Santo aprueba y recomienda.

¿Así sucede con nosotros? ¿Cuándo fue la última vez que revisamos nuestra mayordomía? ¿Es nuestro deseo constante el avance de la obra de Dios? O, ¿hemos caído en el error de pagar un ‘impuesto’ fijo al Señor, considerando todo el resto como “dinero para nuestros bolsillos”?

7. El Objetivo es el Motivo

Una de las palabras más útiles usada en conexión con la mayordomía aparece en 2 Corintios 9: 5, en donde Pablo dice: “Por tanto tuve por necesario exhortar a los hermanos que fuesen primero a vosotros y preparasen primero vuestra generosidad antes prometida, para que esté lista como de generosidad, y no como exigencia nuestra.” La palabra traducida dos veces aquí como “generosidad” (Versión 1960), se traduce en la versión antigua como “bendición.” Esta palabra griega significa algo más que un don generoso, puesto que incluye la idea de comunicar un beneficio o una bendición.

Lo que los corintios tenían en mente no era solamente el alivio del hambre, sino que además se preocupaban por la felicidad y el bienestar de los afligidos creyentes de Jerusalén. No fue simplemente un intento de evitar el morir de hambre, sino más bien un beneficio positivo o unabendición además de eso; una expresión de amor.

La palabra “bendición” (versión antigua) o “generosidad” (versión 1960), manifiesta un ingrediente muy importante para la mayordomía cristiana, sin el cual perderemos nuestra motivación, y nuestra ofrenda se volverá una cosa mecánica. La mayordomía cristiana debe ir acompañada de un deseo: el deseo de brindar una gran bendición a otras personas.

En el caso de los afligidos creyentes de Jerusalén, los corintios querían algo más que su supervivencia. Querían darles salud, felicidad y ánimo espiritual. Su ofrenda iba acompañada de sus oraciones que expresaban su preocupación, su afecto y su solicitud por ellos.

Cuando ofrendamos para el evangelismo y el ministerio de nuestra iglesia, debemos hacerlo con un deseo similar en mente. Debemos decirnos a nosotros mismos: “esta ofrenda es una bendición o una expresión de buena voluntad, diseñada para traer luz y vida a las almas perdidas.”

Cuando planeamos nuestra mayordomía debemos pensar en el beneficio espiritual de otros, que se producirá por la proclamación de la Palabra. Esta es la meta de la mayordomía, sin la cual se convertirá sólo en un deber frío y pura formalidad. No ofrendamos porque sea nuestro deber hacerlo, sino que vemos cómo otras almas pueden ser bendecidas de la misma manera en que nosotros lo hemos sido. Debemos tener en mente no sólo un don, sino también una bendición.

El apóstol Pablo se apresura a agregar que si ofrendamos con este espíritu, en verdad redundará en una bendición: “Pero esto digo: El que siembra escasamente, también segará escasamente; y el que siembra generosamente, generosamente también segará.” (Versículo 6, Versión 1960).

Aquellos que enseñan el “evangelio de la prosperidad” sacan estas palabras fuera de su contexto y las aplican al dador del don, enfatizando que el dador segará más riqueza y beneficio como recompensa por su ofrenda. Dando este enfoque a las palabras, estos maestros persuaden a muchas personas para que les den a ellos grandes sumas de dinero (que son usadas frecuentemente para apoyar su estilo de vida extravagante y lujoso, especialmente en los Estados Unidos y otros países). Pero esta interpretación es obviamente equivocada, porque pasa por alto el contexto.

Las palabras de Pablo simplemente dicen que si sembramos escasamente (en nuestra ofrenda), no seremos instrumentos para traer muchas bendiciones a las vidas de otros. Por otra parte, si sembramos (damos) generosamente, con el fin de comunicar una bendición grande o un beneficio a otros, entonces Dios bendecirá grandemente a aquellos a quienes fue otorgado el don.

Las palabras de Pablo no dicen nada aquí acerca de nuestra prosperidad, ni de la cuestión de si ésta será incrementada como resultado de nuestra ofrenda. El dador del don segará, en el sentido de que su ofrenda producirá fruto. Si su motivo es el de bendecir a otros, a su debido tiempo la semilla crecerá para una gran cosecha. Es un grave error trastornar este versículo para apoyar a aquellos que ofrendan egoístamente o en la búsqueda de sus propios intereses.

Otra meta principal que debemos buscar por medio de nuestra mayordomía, es que sea una alabanza y un agradecimiento a Dios. Este punto es destacado en 2 Corintios 9: 12, en donde Pablo dice que la benevolencia de las iglesias redundó en esto: “Porque la ministración de este servicio no solamente suple lo que a los santos falta, sino que también abunda en muchas acciones de gracias a Dios; pues por la experiencia de esta ministración glorifican a Dios por la obediencia que profesáis al evangelio de Cristo.”

No importa si damos para aliviar el sufrimiento de otros creyentes, para la predicación del evangelio, o para la enseñanza de los creyentes, el resultado de nuestra ofrenda (por la bendición de Dios), es gratitud y amor para Él. ¿Puede existir un objetivo más elevado que éste: multiplicar la alabanza y el agradecimiento para con Dios? ¡Cuán fuerte es este incentivo para nuestra mayordomía, pensar que Dios quiere usarla para producir alabanza y adoración en los corazones de otras personas!

8. La Seguridad Financiera y el Diezmo

Hay un grandioso versículo en 2 Corintios 9, en donde el apóstol Pablo se dirige a nuestros temores humanos. Al enfrentarnos con el reto de ofrendar con liberalidad, quizás seamos tentados a pensar: “pero, ¿qué tal si repentinamente nos encontramos con tiempos difíciles? ¿Qué tal si no estuviera otra vez en la posición de adquirir ciertas cosas que me gustaría tener? Y, ¿qué tal si mi ingreso me llegara a faltar?

A pensamientos semejantes a estos, Pablo dice: “Poderoso es Dios para hacer que abunde en vosotros toda gracia, a fin de que, teniendo siempre en todas las cosas todo lo suficiente, abundéis para toda buena obra.” (Versículo 8).

Dios cuidará de ti, dice Pablo. Toda gracia, en abundancia, fluirá hacia ti para que siempre tengas lo suficiente, (fíjate bien, no demasiado, sino lo suficiente), para agradar al Señor, para servirle y para crecer en la gracia.

Esta no es una promesa de recompensa material por nuestra mayordomía, sino una promesa de gracia, la cual es un favor de Dios. La promesa puede cumplirse en la forma de un apetito modesto y humilde, de tal forma que vivamos contentos sin muchas de las cosas que los hombres del mundo consideran esenciales.

Seguramente el Señor nos dará un celo más grande por Su obra, y nos usará para producir fruto eterno. “Como está escrito: Repartió, dio a los pobres; su justicia permanece para siempre.” (Versículo 9).

Los versículos 10 y 11 del capítulo 9 (la oración de Pablo a favor de los corintios), enseñan que Dios puede incrementar los recursos de los mayordomos fieles, a fin de que su mayordomía se incremente más. El apóstol escribe: “Y el que da semilla al que siembra, y pan al que come, proveerá y multiplicará vuestra sementera, y aumentará los frutos de vuestra justicia, para que estéis enriquecidos en todo para toda liberalidad, la cual produce por medio de nosotros acción de gracias a Dios.”

Es Dios quien provee los recursos para la mayordomía, quien da los resultados, y aun quien incrementa los recursos de los mayordomos fieles. ¿Apreciamos el hecho de que el Señor nos ha prosperado para este propósito? ¿Le defraudamos inconscientemente, guardando para nosotros mismos, aquello que es para Su obra? Dios suministra o provee la “semilla” para que Su pueblo siembre.

De este ingreso (dice Pablo, citando a Isaías), viene nuestro pan, y de ello tenemos que cubrir los gastos de la familia y del hogar. Pero la porción que sembramos para la cosecha del Señor, Dios la multiplicará.

Por lo tanto, nunca dejemos de orar por la ofrenda que damos, porque entonces el Señor no magnificará su efecto en la obra del Reino. Pudiera ser que nosotros estemos entre aquellos que el Señor llamará a una mayordomía que se incremente constantemente, gobernando nuestras circunstancias de tal manera que estemos “Enriquecidos en todo para toda liberalidad.” (Versículo 11).

9. El Diezmo Depende del Contentamiento

Hay un reto especial para nosotros que vivimos en este siglo de abundancia en 1 Timoteo 6: 6-11 y 17-19. “Pero gran ganancia es la piedad acompañada de contentamiento. . .así que teniendo sustento y abrigo, estemos contentos con esto.”

Cuán esencial es para nosotros que tengamos una actitud razonable y reservada acerca de nuestros requerimientos en esta vida. Sin contentamiento, siempre sentiremos la necesidad abrumadora de que “algo más nos hace falta” y nuestros apetitos inquietos echarán a perder la administración sabia de nuestros recursos, es decir, nuestra mayordomía.

Es necesario que nos preguntemos constantemente, conforme planeamos nuestras compras: “¿realmente necesito esto? ¿Es necesario? ¿Qué sucedería a la obra del Señor, si todos los creyentes gastaran su dinero como yo lo estoy haciendo? ¿Hago esta compra para mi engrandecimiento o para impresionar a mis vecinos? ¿Debería yo tener esto, mientras otros creyentes sufren dificultades, y los mensajeros del Señor están en aprietos económicos?

Pablo advierte que “Todos los que quieren enriquecerse caen en tentación y lazo,” y dice también: “A los ricos de este siglo manda que no sean altivos,” que quiere decir “engreídos.”

Hace muchos años conocí a un hombre cuyos ingresos personales estaban muy por encima del presupuesto anual de una iglesia grande a la cual asistía. No obstante, me dijo que su mayordomía no era muy sustancial. Él mantenía dos casas muy costosas, varios automóviles lujosos, además de otras comodidades proporcionadas por la riqueza. ¿Qué estaba manifestando este hombre con ese estilo de vida? Estaba diciendo que él mismo tenía más importancia que la obra entera de su iglesia. Si gastamos excesivamente en nosotros mismos, estamos declarando lo que creemos acerca de nuestro valor y nuestra importancia. Ante los ojos de Dios, aparecemos como el resto del mundo.

Pablo dice: “a los ricos de este siglo manda. . .que hagan bien, que sean ricos en buenas obras, dadivosos, generosos,” y esto quiere decir que estén dispuestos a compartir con generosidad, y que no vean sus bienes como si les pertenecieran.

La codicia (que significa el deseo de tener más siempre), es profundamente ofensiva a Dios, y cruelmente dañina para la vida espiritual. No hay nada que convierta más pronto al creyente en un hipócrita que la codicia; ni tampoco hay algo más dañino para la mayordomía. Y sin embargo, este es sin duda, uno de los pecados menos reconocidos o del que menos nos damos cuenta, aun entre los creyentes.

El Señor dijo: “Mirad y guardaos de toda avaricia” (Lucas 12: 15). Pablo coloca la avaricia entre la perversidad y la maldad, en la lista de pecados de Romanos 1: 29. En Efesios 5: 3, está colocada junto con la fornicación y toda inmundicia y es destacada como algo que ni siquiera se debería “nombrar entre nosotros.”

En Colosenses 3: 5 se nos dice que hagamos morir a la avaricia, la cual se define como idolatría. Hebreos 13: 5 dice: “Sean vuestras costumbres sin avaricia,” es decir, este pecado debe ser erradicado de nuestro estilo de vida, porque deberíamos estar completamente satisfechos con el Señor mismo.

¿Cómo podemos prevenir la avaricia, que es uno de “los deseos carnales que batallan contra el alma”? (1 Pedro 2: 10). ¿Cómo podemos contener nuestros apetitos, y así guardar el décimo mandamiento: “No codiciarás”? El gran antídoto, junto con la oración y el contentamiento, es la mayordomía planeada y generosa de los recursos que Dios nos ha dado. En otras palabras, el pecado preciso que destruirá nuestra mayordomía, será restringido si tenemos una administración bíblica y controlada de nuestros recursos.

Las palabras de Pablo a Timoteo, que los ricos deberían ser: “Ricos en buenas obras, dadivosos y generosos” no son simplemente un buen consejo, sino un mandamiento solemne. “Mándalos” dice Pablo.

La mayordomía no es sólo nuestro llamamiento, sino nuestro privilegio. Es la salvaguarda más tierna que pudiéramos tener para protegernos de nuestros deseos y guardar nuestros corazones como dedicados al Señor y a los asuntos de Su reino. Es un infalible protector contra los tentáculos de la mundanalidad.

10. El Dar No Debe Tener Nunca un Motivo Egoísta

El apóstol Pablo, en Romanos 12: 8, incluye el ofrendar o contribuir como un don espiritual, diciendo: “El que reparte, hágalo en simplicidad.” Pablo se refiere aquí a los creyentes que tienen un ministerio especial en este asunto, presumiblemente porque han sido bendecidos con mayor riqueza de la normal. Algunas personas pueden caer en la tentación de ofrendar ostentosamente para atraer hacia sí mismos, la apreciación y la influencia. Tales personas reciben la advertencia que eviten caer en esa trampa. Aunque ciertos peligros son particularmente significativos para los que ofrendan grandes cantidades, no obstante, todos deberían ser cautelosos para evitarlos.

“Simplicidad” es la norma; esta palabra significa: “con pureza o sinceridad.” “La simplicidad” (palabra usada por la Versión Antigua) quiere decir, que no deberían existir motivos ulteriores, como por ejemplo, obtener influencia o ventajas para sí mismos. Este es un vicio que frecuentemente motiva a los ricos en sus donativos a la iglesia, y es algo que puede convertirse en un tropiezo para los líderes de la iglesia.

Una posible paráfrasis de las palabras de Pablo podría ser la siguiente: “que el que da, lo haga sin ninguna clase de interés personal.” Desafortunadamente, algunos dadores mal motivados han usado muchas tácticas para asegurar que sus ofrendas les obtengan influencias. A veces hay personas que quieren que la iglesia adquiera algo que no es aprobado por los oficiales. Entonces, actuando de manera individual, compran la cosa y la donan a la iglesia. Esto constituye una violación del orden y gobierno de la iglesia, porque acaba con el liderazgo espiritual y los procedimientos normales para la toma de decisiones.

En ocasiones hay personas que donan artículos a la iglesia (por ejemplo, un nuevo piano), con el fin de llamar la atención y ganar el aprecio de los demás. A veces, en algunos casos, hay personas que quieren comprarle al ministro un ‘regalo,’ para asegurar algún privilegio o trato especial (quizá para escapar de la disciplina o las consecuencias de su mala conducta).

Sin duda, muchos donativos directos a la iglesia y al pastor, son hechos con los propósitos más puros, pero la práctica en sí es muy peligrosa. Por lo tanto, normalmente las ofrendas deberían llevarse a cabo en secreto y dirigir todo a la “ofrenda común.” Solamente así, no habrá oportunidad para ninguna tentación y la iglesia podrá financiar su ministerio, libre de cualquier influencia inapropiada.

Esto va de acuerdo con las instrucciones del Salvador en el Sermón del Monte: “Guardaos de hacer vuestra justicia delante de los hombres, para ser vistos de ellos; de otra manera no tendréis recompensa de vuestro Padre que está en los cielos. . . Mas cuando tú des limosna, no sepa tu izquierda lo que hace tu derecha, para que sea tu limosna en secreto.” (Mateo 6: 1-4).

El ofrendar debería ser, hasta donde sea posible, una actividad secreta; no debería asegurar ninguna ventaja o privilegio para el dador. De esta forma, deberíamos reconocer la igualdad de todos los oferentes ante los ojos de Dios, sin importar si son ricos o son pobres.

11. ¿Es Válido el Diezmo en la Actualidad?

Tradicionalmente los cristianos han tomado el diezmo (el diez por ciento), como el punto inicial o la base de la mayordomía, puesto que es visto como la proporción bíblica mínima. Puede ser aumentada conforme el Señor lo prospere a uno. Dos preguntas son formuladas comúnmente en relación a este asunto. La primera pregunta es: ¿por qué un requerimiento judaico, invalidado por la venida de Cristo, debería estar en vigor hoy en día, pues parece ser un legalismo?

La segunda pregunta, (dando por hecho que el diezmo es algo saludable) es: ¿debe ser un diez por ciento del ingreso neto o global? (Neto se entiende como el ingreso después de pagar los impuestos correspondientes).

En respuesta a la primera pregunta, el diezmo, como una base correcta para dar al Señor, no está restringido al período del Antiguo Pacto judaico y las leyes ceremoniales. Es un grave error identificar el diezmo con la ley dada a Moisés exclusivamente.

En Hebreos 7 leemos acerca de Melquisedec, rey de Salem, sacerdote del Dios Altísimo, quien bendijo a Abraham cuando regresó de la derrota de los reyes, “a quien asimismo dio Abraham los diezmos de todo.” (Hebreos 7: 2).

Este grande y misterioso rey de Salem, fue reconocido por Abraham como el representante del Señor, y el diezmo fue la respuesta correcta a la bendición recibida de él. Debemos dar por hecho que el Señor reveló esto a Abraham.

El pasaje en Hebreos destaca el hecho que Melquisedec representa un sacerdocio más alto que el de Aarón, a saber, el sacerdocio de Cristo Jesús. Pero, para nuestro estudio ahora, simplemente hacemos la observación de que Abraham, muchos siglos antes de que la ley ceremonial fuese dada, está consciente de que el diezmo era una base correcta para su ofrenda.

Además, este conocimiento fue comunicado posteriormente a la familia, porque cuando Dios se encontró con Jacob en Bet-el y lo bendijo con muchas promesas, Jacob de inmediato se comprometió a dar un diezmo de todo lo que recibiera. (Génesis 28: 22).

Por lo tanto, el diezmar existió previo al pacto mosaico y no debería ser considerado como perteneciente exclusivamente a la ley ceremonial, la cual fue abolida por Cristo. No tiene el mismo carácter que la circuncisión (la cual fue también previa a Moisés), porque la circuncisión ha sido claramente anulada por el Nuevo Testamento.

Un punto importante de recordar acerca de la mayordomía neotestamentaria es que, puede exceder grandemente el porcentaje del diezmo (como por ejemplo el caso de las dos blancas de la viuda), y por lo tanto, ninguna forma fija de dar está vigente ahora. Hoy es un asunto del corazón y de la generosidad máxima, según como el Señor nos haya prosperado. No obstante, el diezmo todavía permanece como una guía de lo que constituye una porción mínima y razonable.

Vale la pena notar que en los tiempos del Antiguo Testamento, cuando una multitud mixta de judíos fue obligada a diezmar, en realidad fueron obligados a dar mucho más que el diezmo. Un estudio cuidadoso de los pasajes que mencionan el diezmo, demuestra que los judíos dieron dos o hasta tres diezmos distintos, sin contar los costos adicionales de los sacrificios personales sobre el altar.

El costo real de la mayordomía veterotestamentaria, ha sido calculado como una quinta parte de su hacienda (veinte por ciento). Además, cuando recordamos que la gran mayoría de los judíos realmente no experimentaron la gracia de Dios en sus corazones, seguramente sentiremos que nuestra ofrenda no debería ser menos que la de ellos. Visto de esta manera, un diezmo del ingreso global parecería ser una porción baja para la mayordomía de aquellos que disfrutan la luz gloriosa del Evangelio y poseen una esperanza firme del cielo.

No debe sorprendernos encontrar que los primeros convertidos a Cristo, al ser librados de la ley, rindieron sus bienes liberal y gratuitamente al Señor. Porque “Todos lo que poseían heredades o casas, las vendían, y traían el precio de lo vendido, y lo ponían a los pies de los apóstoles; y se repartía a cada uno según su necesidad.” (Hechos 4: 34-35).

(Fue también en aquel entonces que el Señor dio una advertencia solemne a las iglesias acerca de la gravedad de la hipocresía en la mayordomía, una advertencia en el juicio que cayó sobre Ananías y Safira, cuando conspiraron para defraudar a los apóstoles).

Seguramente el diezmo del Antiguo Testamento nos revela una porción básica como nuestra responsabilidad. También nos muestra que el diezmo es el diez por ciento de “todo,” y no solamente del así llamado “ingreso disponible.” Abraham dio un diezmo de todo, y Jacob dijo al Señor: “De todo lo que me dieres, el diezmo apartaré para Ti.”

A veces se escucha la queja de que ninguno de los patriarcas ni sus sucesores tuvieron que pagar impuestos al gobierno secular. Pero ellos incurrieron en costos directos por cosas que nosotros pagamos a través de impuestos, por ejemplo, la provisión para todo el bienestar social.

12. El Deber de los Oficiales de la Iglesia

A un nivel práctico, del ejemplo apostólico se deduce claramente que el Señor requiere que se rindan cuentas por el dinero ofrendado. Se nos ordena imitar el ejemplo de Pablo, quien se esforzó para asegurar que las iglesias que ofrendaron para las necesidades de Jerusalén, escogieran mensajeros de confianza para viajar con él y supervisar la distribución de los fondos.

Pablo explica con claridad el motivo de estas medidas: “Evitando que nadie nos censure en cuanto a esta ofrenda abundante que administramos, procurando hacer las cosas honradamente, no sólo delante del Señor, sino también delante de los hombres.” (Vea 2 Corintios 8: 18-23). Los siervos del Señor deben procurar estar muy por encima de toda sospecha o calumnia.

En los últimos años hemos visto en los Estados Unidos los escándalos de ciertos tele-evangelistas que fueron convictos por fraude y por desvío de fondos. Este desvío a gran escala de los donativos, para su uso personal, fue posible porque los empleados responsables del cuidado de estos fondos, actuaron bajo sus órdenes.

Al pueblo de Cristo se le ordena seguir procedimientos para el manejo del dinero, que están por encima de todo reproche. Salirnos de estas normas no es solamente falta de sabiduría, sino además una desobediencia espiritual.

La promesa de Dios de que quienes siembran generosamente, segarán generosamente (2 Corintios 9: 6), lleva implícita una advertencia para los líderes de la iglesia. ¿Hasta cuál punto son las ofrendas del pueblo de Dios administradas, tomando en cuenta la promesa del Señor que “segarán una bendición”? ¿Qué hará Cristo con aquellos líderes de la iglesia que malgastan los fondos en una forma insensata?

¿Son los pastores sensatos y están exentos de extravagancias en la forma en que gastan los fondos para mantener las instalaciones del templo? No debemos olvidar nunca que el Señor ha prometido que los dadores recibirán una cosecha de bendiciones a través de sus ofrendas.

13. La Respuesta de un Corazón Redimido

Vivimos en tiempos en los que el ateísmo abunda y mucha gente tiene su mente lavada por las fuerzas de la inmoralidad, llamando mal al bien y bien al mal. Nunca desde los tiempos anteriores a la Reforma, la luz del Evangelio ha estado tan cerca de ser extinguida en el continente europeo.

Estamos siendo testigos también de la erosión de los remanentes del cristianismo bíblico en países como Estados Unidos. En América Latina, el catolicismo mantiene el dominio y la gran mayoría de los evangélicos han sido leudados por las doctrinas pentecosteses, el arminianismo y los métodos de la creencia fácil. ¿Es este el tiempo para que aquéllos que aman la verdad, busquen enriquecerse en la tierra o sucumbir ante la autoindulgencia y las comodidades terrenales?

¡Que Dios conmueva nuestros corazones para que nos rindamos a Él en servicio y mayordomía! Hay tanto trabajo por hacer: predicadores que necesitan sostén, misioneros que es necesario enviar, iglesias que necesitan ser fortalecidas, ministros que requieren capacitación, la impresión de literatura y libros, y muchas otras tareas por hacer en estos últimos días de oportunidad evangelística.

Seguramente nuestro gozo más elevado es el de asestar fuertes golpes contra el príncipe de la potestad del aire, y buscar triunfos para el Evangelio y para la gloria de Cristo.

Hemos visto que la Palabra de Dios nos dice que todo lo que poseemos le pertenece al Señor. Él nos prospera específicamente para la obra del Reino. Por lo tanto, debemos estar atentos constantemente a las necesidades de la Iglesia.

La mayordomía es nuestro llamamiento, y la esencia de la adoración verdadera. Ser un dador generoso es una marca crucial del carácter cristiano y de la santificación. Consiste en darnos a nosotros mismos al Señor. El Señor hará fructificar el objetivo deseado de cada ‘dador’ sincero y honrará toda nuestra abnegación. Él será nuestra seguridad, nuestro escudo y nuestro gran galardón, mientras obedezcamos Sus palabras: “De gracia recibisteis, dad de gracia.” (Mateo 10: 8).

Nota: el doctor Peter Masters es Pastor del Tabernáculo Metropolitano, Newington, Londres, desde 1970.

El calvinismo (a veces llamado tradición Reformada, la fe Reformada o teología Reformada) es un sistema teológico cristiano y una actitud hacia la vida cristiana que pone el énfasis en la autoridad de Dios sobre todas las cosas. Esta vertiente del Cristianismo Protestante fue desarrollada porJuan Calvino (reformador religioso francés del siglo XVI), [Aunque se considera que muchos siglos antes, ya habías personas con estas doctrinas o enseñanzas Bíblicas].

La tradición Reformada fue posteriormente liderada por teólogos como Martin BucerHeinrich Bullinger,Pietro Martire VermigliUlrico Zuinglio e influyó a reformadores británicos como Thomas Cranmer y John Jewel. Sin embargo, debido a la gran influencia y rol de Juan Calvino en los debates confesionales y eclesiásticos del siglo XVII, la tradición llegó a conocerse con el nombre de calvinismo. Hoy en día, el término designa también las doctrinas y prácticas de las iglesias Reformadas, de las cuales Calvino fue uno de sus primeros líderes.

Trasfondo histórico

Juan Calvino, influyó notablemente en el desarrollo de las doctrinas de la Reforma Protestante. A los 25 años, en 1534, empezó la primera edición de su obra Institución de la Religión Cristiana, que se publicó en 1536. Esta obra, que fue revisada en diversas ocasiones durante su vida, además de la numerosa colección de cartas pastorales y comentarios bíblicos, constituyen la fuente de la repercusión que ha tenido sobre todas las denominaciones del Protestantismo a lo largo de su historia.

El crecimiento de las Iglesias Reformadas y calvinistas pertenece a la segunda fase de la Reforma Protestante. Tras la excomunión de Martín Lutero por la Iglesia Católica Romana, Calvino se refugió en Suiza. Había firmado la confesión de Augsburgo en 1540, pero su repercusión fue más notable en la Reforma Suiza, la cual no era luterana, sino que se basaba en las enseñanzas deUlrico Zuinglio. La enseñanza y la doctrina protestantes estaban evolucionando de manera independiente a Martín Lutero, bajo la influencia de muchos escritores y reformadores, entre los que destacaba Calvino.

Descripción general

Numerosos teólogos no necesariamente relacionados con las Iglesias Reformadas han contribuido a desarrollar la cosmovisión calvinista como se le conoce hoy en día. Entre ellos se cuentan el teólogo danés Francisco GomarusJohn Knox, el fundador de la iglesia presbiteriana; John Bunyanun predicador bautista, autor del bestseller cristiano “El Progreso del Peregrino”, y el teólogo norteamericano Jonathan Edwards, uno de los principales protagonistas durante el resurgimiento espiritual denominado Primer Gran Avivamiento en los Estados Unidos a mediados del siglo XVIII.

Doctrina calvinista

LA GRACIA SOBERANA

El calvinismo enfatiza la depravación de la naturaleza moral humana hacia la necesidad de la gracia soberana de Dios en la salvación. La Biblia (Romanos 3:10-12) enseña que las personas son completamente incapaces de seguir a Dios o escapar de la condenación delante de Él y que solamente por intervención divina drástica, en la cual Dios cambiando la naturaleza misma del creyente (nuevo nacimiento), quitando el corazón de piedra y poniendo uno de carne, pueden las personas ser convertidas de rebelión a obediencia voluntaria.

Desde este punto de vista, todas las personas dependen enteramente en la misericordia de Dios, a quien le sería justo el condenarlos a todos por sus pecados, mas ha escogido ser misericordioso con muchos para dar gloria a su propio nombre. Una persona es salvada mientras que otra es condenada, no por causa de la voluntad, fe o alguna otra virtud en la persona, sino por causa de la elección soberana de Dios para tener misericordia de él. Aunque la persona debe actuar para creer y ser salvo, esta obediencia de fe es el regalo de Dios según el calvinismo, y por esto Dios completa la salvación de pecadores.

Los calvinistas enseñan estas Doctrinas de la Gracia primeramente porque son bíblicas; luego estas doctrinas demuestran la magnitud del amor de Dios al salvar a aquellos que no querían ni podían seguirle, así como para quebrantar la arrogancia y la dependencia en sí mismo y caer en los tiernos brazos del verdadero y Soberano Señor. La santificación se persigue como el confiar continuo en Dios para limpiar el corazón depravado del cristiano del poder del pecado cancelado y extender el gozo.

“LA VIDA ES RELIGIÓN”

El sistema teológico y las teorías prácticas de la iglesia, familia y vida política, todas (ambiguamente) llamadas “calvinismo,” son el crecimiento de una conciencia religiosa fundamental que está centrada en la soberanía de Dios. En principio, la doctrina de Dios tiene un lugar preeminente en cada categoría teológica, incluyendo el entendimiento calvinista de cómo una persona debe vivir. El calvinismo presupone que la bondad y el poder de Dios tienen un libre e ilimitado alcance de actividad, y eso trabaja como una convicción de que Dios está obrando en todos los aspectos de existencia, incluyendo los aspectos espirituales, físicos e intelectuales, ya sea secular o sagrado, público o privado, en la tierra o en el cielo.

Según este punto de vista, el plan de Dios se trabaja en cada evento. Dios es visto como el creador, preservador y gobernador de todo. Esto produce una actitud de dependencia absoluta en Dios, la cual no se identifica solamente con actos temporales de piedad (por ejemplo, la oración); si no que es un amplio patrón de vida que, en principio, aplica tanto a cada obra trivial como a tomar la comunión. Para el cristiano calvinista, toda la vida es religión cristiana. Al calvinismo también se le atribuye una doctrina basada en la radicalización del luteranismo, impuesto en el siglo XVI.

LOS CINCO PUNTOS DEL CALVINISMO

La teología calvinista es identificada en la mente popular como los “cinco puntos del calvinismo,” que son un resumen de los juicios (o cánones) presentados por el Sínodo de Dort y que fueron publicadas como una respuesta detallada (punto por punto) a los cinco puntos de la Protesta Arminiana. Calvino mismo nunca usó tal modelo, y nunca combatió el Arminianismo directamente. Estos puntos, pues, funcionan como un resumen de las diferencias entre el Calvinismo y el Arminianismo, pero no como una suma completa de los escritos de Calvino o de la teología de las iglesias reformadas en general. La aserción central de estos cánones es que Dios es capaz de salvar a cada persona por quien Él tenga misericordia y que sus esfuerzos no son frustrados por la injusticia o la inhabilidad del hombre.

Los cinco puntos del calvinismo son:

1. Depravación Total

Debemos empezar con algo que debe ser fundamental en el asunto de la salvación, y esto es, una evaluación correcta de la condición del individuo que se debe salvar. Si tenemos vistas deficientes y ligeras sobre el pecado; entonces estamos propensos a tener vistas defectuosas para la salvación del pecador. A la luz de las Escrituras el estado natural del hombre es un estado de depravación total y por consiguiente, había inhabilidad total de parte del hombre para ganar, o contribuir, a su salvación. El catecismo de Heidelberg en su pregunta 8 nos dice: ¿Estamos tan corrompidos que somos totalmente incapaces de hacer el bien e inclinados a todo mal? RESPUESTA: Ciertamente, si no hemos sido regenerados por el Espíritu de Dios Génesis 8:21, 6:5; Job 14:4, 15:14,16,35; Juan 3:6 Isaías 53:6 Juan 3:3,5; 1ª Corintios 12:3; 2ª Corintios 3:5 Cuando se habla de depravación total, sin embargo no se refieren a que cada hombre es tan malvado como pueda ser, ni que el hombre sea incapaz de reconocer la voluntad de Dios; ni tampoco de que sea incapaz de hacer algún bien hacia su prójimo o aun dar lealtad externa a la adoración de Dios. Lo que sí se quiere decir es que cuando el hombre cayó en el Huerto del Edén cayó en su ‘totalidad’. La personalidad completa del hombre ha sido afectada por la caída, y el pecado se extiende al completo de las facultades, la voluntad, el entendimiento, el afecto y todo lo demás. Creemos que esto es irrefutablemente enseñado por la Palabra de Dios a la cual ahora nos referimos. La Biblia enseña con absoluta claridad que el hombre, por naturaleza, esta MUERTO! “Así que como por un hombre el pecado entro en el mundo, y la muerte por el pecado; y así la muerte paso a todos los hombres, porque todos han pecado”. [Rom. 5:12] Nos enseña que los hombres están ESCLAVIZADOS: “Que con mansedumbre corrija a los que se oponen: si quizás Dios les dé que se arrepientan para conocer la verdad; y se zafen del lazo del diablo en que están cautivos a voluntad de él” [2º Tim. 2:25]. Nos enseña que el hombre esta CIEGO, y SORDO: ‘ … mas a los que están fuera, por parábolas todas las cosas; Para que viendo, vean y no echen de ver; y oyendo oigan y no entiendan” [Marcos 4:11]. Nos enseña que NO ESTAMOS INSTRUIDOS, “mas el hombre animal no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios porque le son locura; y no las puede entender, porque se han de examinar espiritualmente” [1º Cor. 2:14]. La Biblia habla de nosotros que somos PECAMINOSOS POR NATURALEZA: (i) Por Nacimiento: “He aquí, en maldad he sido formado, y en pecado me concibió mi madre” [Salmos 51:5]. (ii) Por Practica: “Y vio Jehová que la malicia de los hombres era mucha en la tierra, y que todo designio de los pensamientos del corazón de ellos era de continuo solamente el mal” [Gen. 6:5]. Esto es el estado natural del hombre. Entonces debemos preguntar; ¿pueden los muertos darse vida a sí mismos? ¿Pueden los ciegos darse vista a sí mismos, o los sordos darse el oír? ¿Puede el no instruido enseñarse a leer a sí mismo? ¿Puede el naturalmente pecaminoso cambiarse a sí mismo? Seguro que no “¿Quién puede sacar algo limpio de lo impuro?” pregunta Job; y el contesta, “Nadie” [Job 14:4]. “¿Mudará el negro su pellejo, y el leopardo sus manchas?” [Jeremías 13:23] La depravación llega a tal punto que siendo ofrecida la salvación a todos, todas las personas la rechazan, prefiriendo estar en sus pecados “Y esta es la condenación: porque la luz vino al mundo, y los hombres amaron más las tinieblas que la luz; porque sus obras eran malas.” [Juan 3:19]

2. Elección Incondicional

Nuestra actitud hacia la depravación total como una declaración Bíblica de la condición natural del hombre determinará nuestra actitud hacia el siguiente punto. La doctrina de elección incondicional sigue naturalmente a la doctrina de depravación completa. Si el hombre en verdad está muerto, prisionero, y ciego etc., entonces el remedio para todas estas condiciones debe descansar fuera del hombre mismo (Esto es, con Dios) ¿puede el muerto levantarse así mismo?, la respuesta inevitablemente debe ser: “por supuesto que no”. Sin embargo hombres y mujeres son levantados de su muerte espiritual “nacidos de nuevo” como lo pone el evangelio según San Juan; y como son incapaces de llevar a cabo esta obra por ellos mismos, entonces tenemos que concluir que es Dios quien los levanto. Por el otro lado como muchos hombres y mujeres no han sido vivificados, tenemos que igualmente concluir que eso es porque Dios no los ha levantado. Si el hombre es incapaz de salvarse a sí mismo, siendo la caída de Adán una caída total, y si solo Dios puede salvar, y si no todos son salvos, entonces la conclusión debe ser que Dios no ha escogido salvar a todos. El tema es tan vasto como el océano mismo; pero no podemos hacer más que citar solo unos pocos versículos claves que actúan como mapas y compás a través de estos poderosos mares. La historia de la Biblia es la historia de elección incondicional. Es extraño que los que se oponen a esta doctrina fallan en reconocer esto. Algunos creyentes tienen dificultad en creer que Dios pueda pasar a algunos y escoger a otros, y sin embargo no parecen tener dificultad en creer que Dios llamo a Abraham del pagano Ur de los Caldeos y dejo a los otros en su paganismo. ¿Porque debería Dios escoger a la nación de Israel como Su “gente peculiar”? No hay necesidad de especular, porque Deuteronomio 7:7 nos da la prepuesta: “No por ser vosotros mas que todos los pueblos os ha querido Jehová, y os ha escogido; porque vosotros erais los más pocos de todos los pueblos: Sino porque Jehová os amo,…’ porque debería Dios, completamente desatendiendo las leyes familiares de Israel, escoger al hijo menor Jacob, en lugar de Esaú el mayor? Romanos 9:11-13 “…para que el propósito de Dios conforme a la elección, .. A Jacob ame mas a Esaú aborrecí.” ¿Cuál era la doctrina que Jesús predico en la sinagoga en Nazaret sino la doctrina de elección incondicional? “Mas en verdad os digo, que muchas viudas había en Israel en los tiempos de Elías, … Pero a ninguna de ellas fue enviado Elías, sino a Sarepta de Sidon a una mujer viuda.” [Lucas 4:25-27]. Sabemos los resultados de la predicación de nuestro Señor de ese mensaje. “Y le llevaron hasta la cumbre del monte para despeñarle.” Falta de espacio prohíbe un relato completo de la elección soberana de Dios de Su pueblo; pero la verdad es clara: “No me elegisteis vosotros a mí mas yo os elegí a vosotros; [Juan 15:6]; Todo lo que el Padre me da, vendrá á mí; y al que á mí viene, no le hecho fuera. [Juan 6:37]; He manifestado tu nombre á los hombres que del mundo me diste: tuyos eran, y me los diste, y guardaron tu palabra… Yo ruego por ellos: no ruego por el mundo, sino por los que me diste; porque tuyos son [Juan 17:6,9]; O no tiene potestad el alfarero para hacer de la misma masa un vaso para honra, y otro par vergüenza?” [Rom. 9:21] “Tendré misericordia del que tendré misericordia, [Rom 9:15]. “Según nos escogió en Él antes de la fundación del mundo, habiéndonos predestinado para ser adoptados hijos [Efesios 1:4-5]; y así sucesivamente.

3. Expiación Particular

Este tercer punto no solamente nos trae al punto central de los cinco, sino también a la verdad central del evangelio, esto es, al propósito de la muerte de Cristo en la cruz. Esto no es accidental. Tenemos la enseñanza de la Biblia que ha puesto al hombre debajo del título general de depravación total, o inhabilidad total. Segundo como algunos hombres y mujeres son indudablemente salvos, entonces tiene que haber sido Dios mismo quien los salvo en distinción del resto de la humanidad. Esto es elección: “Para que él propósito de Dios conforme a la elección, permaneciese…” [Rom 9:11]. Sin embargo, esta elección solo “marco la casa, a la cual la salvación debe viajar”, y una expiación completa, perfecta y satisfactoria todavía era requerida para los pecados de los elegidos, para que Dios fuera, no solamente un Salvador, sino un Dios justo, y un Salvador”. Esta expiación, como todos confesamos, fue realizada por la sumisión voluntaria de Cristo a la muerte en la cruz donde sufrió bajo la justicia de este Dios justo, y procuro la salvación que el cómo Salvador había ordenado. En la cruz, entonces, y sin duda todos aceptamos esto, Cristo soporto el castigo, y procuro la salvación. La pregunta ahora se levanta: ¿por quien soporto el castigo?, y ¿por quien procuro la salvación? Hay tres avenidas por las cuales podemos viajar respecto a esto:

1. Cristo murió para salvar a todo hombre, sin distinción. 2. Cristo murió para salvar a nadie en particular. 3. Cristo murió para salvar a cierto número

El primer punto de vista es el sostenido por “Universalistas” a saber, Cristo murió para salvar a todos los hombres, y así, muy lógicamente asumen, todos los hombres serán salvos. Si Cristo ha pagado la deuda del pecado, ha salvado, rescatado, dado Su vida por todos los hombres, entonces todos los hombres serán salvos. El segundo punto de vista implica que Cristo procuro una salvación potencial para todos los hombres. Cristo murió en la cruz, pero aunque pago la deuda de nuestros pecados, su obra en la cruz no es eficaz hasta que el hombre se “decida por” Cristo y así de ese modo ser salvo. La tercera vista dice que Cristo murió positiva y efectivamente para salvar a cierto número de pecadores que merecían él infierno en quienes El Padre había puesto su libre elegible amor. El Hijo paga la deuda por estos elegidos, hace satisfacción por ellos a la justicia del Padre, e imputa Su propia justicia a ellos para que sean completos en Él. ¿Cual de esas alternativas es la que está más de acuerdo a la Biblia?, la respuesta es la tercera, Cristo murió para salvar a un número particular de pecadores; esto es, aquellos “según nos escogió en Él antes de la fundación del mundo” [Efe. 1:4] aquellos a quien el Padre “Le ha dado del mundo [Juan 17:9]; aquellos por quien El mismo dijo derramaba su sangré: “Porque, esto es mi sangre del nuevo pacto, la cual es derramada por muchos para remisión de los pecados.” [Mat. 26:28] Esta última vista hace justicia al propósito de Cristo de venir a esta tierra a morir en la cruz. “Llamarás su nombre Jesús, porque salvará a su pueblo de sus pecados.” [Mateo 1:21]. Yo soy el buen pastor: el buen pastor su vida da por las ovejas. [Juan 10:11]; Nadie tiene mayor amor que este, que ponga alguno su vida por sus amigos. Vosotros sois mis amigos, si hiciereis las cosas que yo os mando. [Juan 15:13,14]; Jesús “amo a la Iglesia y se entrego a sí mismo por ella”. [Efe 5:25]. “El cual fue entregado por nuestros delitos, y resucitado para nuestra justificación. [Rom. 4:25]. “Con su conocimiento justificara mi siervo justo a muchos, y él llevara las iniquidad de ellos [Is. 53:11]. Y ¿cuándo efectúa esto?, mientras cuelga en la cruz, dice el profeta Isaías en ese grandioso capitulo 53 de su profecía, “del trabajo de su alma vera y será saciado”. El trabajo de su alma mientras derrama su alma en ofrenda por nuestros pecados produce hijos espirituales a la gloria de su Nombre, y será satisfecho cuando vea esta obra completada.

4. Gracia Irresistible

Si los hombres son incapaces de salvarse a sí mismos a causa de su naturaleza caída, y si Dios ha propuesto salvarlos, y Cristo ha realizado su Salvación, entonces lógicamente sigue que Dios también debe proveer los medios para llamarlos a los beneficios de esa salvación que Él ha procurado para ellos Romanos 8:30: “y los que predestinó a estos también llamó”, Dios no solamente, eligió hombres y mujeres para salvación; Él también llamó a esos a quien le plació elegir. ¿Que quiere decir gracia irresistible? Sabemos que cuando el evangelio sale afuera en una Iglesia, o al aire libre, o por medio de leer la Palabra de Dios, no todos atienden a ese llamado. No todos son convencidos del pecado y de su necesidad de Cristo. Esto explica el hecho de que hay dos llamamientos. Hay un llamamiento externo; y un llamamiento interno. El llamamiento externo puede ser descrito como “palabras del predicador”; y este llamamiento, cuando sale, puede obrar un resultado de diferentes formas en un número de diferentes corazones produciendo diferentes resultados, No obstante una cosa no hará; no obrará la salvación en el alma de un pecador. Porque una obra de salvación para ser labrada debe ser acompañado por el llamamiento interior del Espíritu Santo de Dios. Porque Él es quien, “redarguye de pecado, justicia y juicio”. Y cuando el Espíritu Santo llama a un hombre, o mujer, o una persona joven por su gracia, ese llamamiento es irresistible: no puede ser frustrado; es la manifestación de la gracia irresistible de Dios. Esto es probado una y otra vez, en la Palabra de Dios, como por ejemplo en los siguientes versículos. 1. “Todo lo que el Padre me da vendrá a mí; y al que a mí viene no le echo fuera” [Juan 6:37]. Nótese que son aquellos a quien El Padre a “dado a Cristo”- los elegidos- que “vendrán” a él; y cuando vienen a El no serán “rechazados”. 2. Ninguno puede venir a mí, si el Padre que me envió no le trajere. [Juan 6:44] Aquí nuestro Señor simplemente está diciendo que es imposible que el hombre venga a Él por ellos mismos; el Padre los debe traer. 3. Todo aquel que oyó del Padre, y aprendió, viene a mí [Juan 6:45]. El hombre puede oír el llamamiento externo; pero son esos los que han “aprendido del Padre” que responderán y vendrán a Cristo: Así que, con Simón Pedro: “Bienaventurado eres Simón hijo de Jonás, porque no te lo revelo sangre ni carne sino mi Padre que esta en el Cielo?” 4. “Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, los tales son hijos de Dios.” [Rom. 8:14] 5. “Mas cuando plugo a Dios, que me apartó desde el vientre de mi madre, y me llamó por su gracia” [Gal. 1:15] 6. “Mas vosotros sois linaje escogido… para que anunciéis las virtudes de aquel que os ha llamado de las tinieblas a su luz admirable.” [1 Ped. 2:9] 7. “Mas el Dios de toda gracia, que nos ha llamado a su Gloria eterna por Jesús Cristo…” [1. Ped. 5:9] Una sobresaliente ilustración de esta enseñanza de gracia irresistible, o llamamiento eficaz, es ciertamente el incidente que leemos en Hechos 16, El apóstol Pablo predica el evangelio a un grupo de mujeres a las orillas del rió en Filipo; y “una cierta mujer llamada Lidia estaba oyendo; el corazón de la cual abrió el Señor para que estuviese atenta a lo que Pablo decía.” Pablo, el predicador, hablo al oído de Lidia, el llamamiento externo; pero el Señor habló al corazón de Lidia, el llamamiento interno de gracia irresistible. Los hombres y mujeres se resisten al evangelio de Dios por su misma naturaleza. Por eso debe de haber una gracia irresistible. Ya que “El hombre animal no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios”. Pero el llamamiento eficaz es santo “Que nos salvó y llamó con vocación santa”… [2Ti 1:9]; todopoderoso “Porque no me avergüenzo del evangelio: porque es potencia de Dios para salud á todo aquel que cree… [Rom 1:16]; vivificante “…Vendrá hora, y ahora es, cuando los muertos oirán la voz del Hijo de Dios: y los que oyeren vivirán” [Juan 5:25]; efectivo “Por cuanto nuestro evangelio no fue á vosotros en palabra solamente, mas también en potencia, y en Espíritu Santo, y en gran plenitud; como sabéis cuáles fuimos entre vosotros por amor de vosotros” [1Tesal. 1:5]; irresistible “Mas el que escudriña los corazones, sabe cuál es el intento del Espíritu, porque conforme á la voluntad de Dios, demanda por los santos” [Rom 8:27]

5. Perseverancia De Los Santos

Permítanme decir que esto es exactamente lo que la Escritura nos enseña. “Porque a los que antes conoció, también predestino, para que fuesen hechos conforme a la imagen de Su Hijo, para que Él sea el primogénito entre muchos hermanos”; y aún más, “y a los que predestino a estos también llamo; y a los que llamo a estos también justifico, y a los qué justifico, a estos también glorificó. ¿Pues que diremos a esto? ¿Sí Dios por nosotros quien contra nosotros?…Por lo cual estoy cierto que ni la muerte, ni la vida… ni ninguna criatura nos podrá apartar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro.” [Rom. 8:27]. Si el hombre no se puede salvar a sí mismo, entonces, Dios tiene que salvarlo. Si todos no son salvos, entonces Dios no ha salvado a todos. Si Cristo ha hecho satisfacción por los pecados, entonces es por los pecados de aquellos que son salvos. Si Dios intenta revelar esta salvación en Cristo a los corazones de esos a quien él escogió salvar, entonces, Dios proveerá el medio de hacerlo efectivamente. Si, por consiguiente, habiendo ordenado para salvar, murió para salvar, y llamó a la salvación a esos quienes nunca podrían salvarse a sí mismos, El también preservara a los salvos para la vida eterna para la Gloria de Su Nombre. Así siguiendo la depravación total, y elección incondicional, y expiación limitada, y un llamamiento eficaz, tenemos la perseverancia de los santos. “El que comenzó en vosotros la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Jesucristo” [Fil. 1:6]. La palabra de Dios está repleta con referencias a esta bendita verdad. “Y esta es la voluntad del que me envió, del Padre: Que todo lo que me diere, no pierda de ello, sino que lo resucite en el día postrero”. [Juan 6:39] “Y yo les doy vida eterna, y no perecerán para siempre, ni nadie las arrebatará de mi mano” [Juan 10:28]. “Porque si siendo enemigos, fuimos reconciliados con Dios por la muerte de Su Hijo, mucho más estando reconciliados, seremos salvos por su vida. [Rom. 5:10]. “Ahora pues ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús.” [Rom. 8:1] Este es el distintivo del creyente, que el pertenece a Cristo; que esta perseverando en las cosas de Cristo; “qué está dando toda diligencia para hacer su llamado y elección segura”. El creyente en Cristo puede caer en tentación, pero el Señor no lo dejara ser tentado más de lo que pueda resistir, sino con la tentación dará también la salida; para que el creyente venga adelante, y siga adelante otra vez en las cosas pertenecientes a su salvación para la gloria de Cristo. Esos versos incomparables de Romanos 8:28-39 enseñan la lógica Divina en la salvación eterna de Dios. Al igual que el hijo pródigo, por mucho que avergonzó a su padre pidiéndole su parte de la herencia (no estando muerto el padre), por mucho que haya gastado su dinero en el pecado y no importando lo bajo que llegó a estar, con todo, nunca dejo de ser hijo de su padre. La lógica es que la salvación que empieza en la mente y propósito de Dios debe terminar en el cumplimiento de Su infrustrable propósito que esos “a quien antes conoció” están eternamente unidos con su Salvador.

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